El dólar, un bien de consumo familiar

Desde Octubre de 2011, el gobierno nacional – mediante la AFIP – fue desarrollando una política de administración cambiaria en Argentina con múltiples objetivos. Uno de ellos, fue lograr evitar corridas especulativas contra la moneda, a costas de las reservas del Banco Central.

En ese sentido fueron implementando variadas medidas, que implicaron la imposibilidad de comprar divisas para la compra-venta de propiedades y de dinero de créditos hipotecarios, la limitación (en principio respecto a la capacidad contributiva, y actualmente sin una vara clara de cómo funciona) a la compra de divisas para viajes y turismo, hasta la imposibilidad de compra de divisas para atesoramiento.

En conjunto, estas medidas generaron un mercado paralelo de divisas, informal, de tamaño relativamente pequeño y fuertemente mediático. Su estrella estelar es el llamado ‘dólar blue’. Del mismo modo, se separaron fuertemente los circuitos de divisas por motivos comerciales (exportaciones e importaciones) y financieros legales (utilidades y dividendos entre otros), del mercado especulativo.

Este último mercado, se compone de manera directa de expectativas de la gente, e indirectamente del mercado turístico “informal”. Cualquier ataque especulativo contra la moneda impactará básicamente sobre este mercado, y en principio, no tendría impactos sobre las reservas del Banco Central.

La oferta, compuesta por previos tenedores de divisas, por quienes generan divisas informalmente por venta de servicios en el exterior, y por extranjeros que vacacionan y ofrecen sus divisas en el mercado paralelo, se encuentran con la demanda, compuesta por gente de clase media y clase alta que buscan desprenderse de sus pesos.

¿Cuál es el valor del dólar paralelo “de equilibrio”? No pareciera ser una pregunta fácil de responder. Quienes se sienten atemorizados por experiencias previas en la Argentina como en 1989 o 2001, buscan siempre “refugio de valor” en el dólar, y lo compran todos los meses, sea cual fuere el valor que cuesten, y sin importar que estén enfrentando un mercado fuera de la ley cambiaria.

Esta gente toma el valor del dólar como el de cualquier otro bien de consumo más. Y piensa que así como subió el precio de la leche, de sus impuestos o del transporte urbano, el dólar que tienen que pagar también subió. Y no se pregunta si es un “tipo de cambio de equilibrio” o no. A lo sumo se queja de lo caro que está. Pero no deja de comprarlo. De ese modo, cualquier movida especulativa no hace más que subir un escalón al valor de ese tipo de cambio. Y cualquier baja es tomada como una “oferta” del bien.

La brecha cambiaria respecto al tipo de cambio oficial no tiene razones para crecer, mantenerse o disminuir. Simplemente van por diferentes caminos. Pero no es saludable para la economía tener un mercado paralelo amplio, ni que quienes sean generadores de precios lo tomen como el tipo de cambio de referencia.

Vivimos en una economía que piensa el ahorro como atesoramiento de dólares, cuesta encontrar alternativas para disminuir esa brecha sin mermar el nivel de reservas del Banco Central. Seguramente es algo que se debe resolver, para permitir reforzar el nivel de inversiones y ayudar al crecimiento económico.

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