El Futuro del Euro

1- Introducción

El presente trabajo tiene como objetivo realizar una breve revisión histórica de la construcción de la Unión Europea, analizar algunas de las razones que llevaron a la actual crisis, y por último evaluar algunas posibles salidas de la crisis y el impacto que presentan de cara al futuro del euro.

La situación actual muestra una encrucijada, en donde cualquier medida tendiente a resolver la crisis genera impactos negativos en diferentes actores que deban pagan ese ajuste. De ese modo, cada visión sobre las causas de la crisis plantea medidas a tomar para resolverla y por lo tanto los actores que deben hacerse cargo de dichos costos.

El trabajo se encuentra esquematizado de la siguiente manera: la segunda sección analiza los diferentes pasos históricos que se fueron tomando desde mediados del siglo XX hasta llegar a la Unión Europea actual con 27 miembros. La tercera sección analiza el estatus de la Unión, evaluando algunas de las razones que permiten explicar la situación actual, mientras que en la cuarta sección se desarrollan algunas de las propuestas de salida de la crisis. En la última sección se presenta una visión personal que presenta cuál de las alternativas a la salida de la crisis sería la más socialmente viable.

2- Repaso histórico

La actual Unión Europea tiene como principales antecedentes al Tratado de París (1951) y al Tratado de Roma (1957), cuya constitución tuvo un claro objetivo político más que económico.

Se presentó como un instrumento político para pacificar Europa, con miras a la generación de un mercado común con libre circulación de personas, bienes, servicios y capitales. Para ello, generaron estructuras supranacionales que pudieran tomar medidas económicas, dentro de las cuales, no se generaron provisiones de instrumentos de política redistributivos (Tsoukalis, 1997).

Una de las principales medidas tomadas por los países de la Unión fue el establecimiento de una Política Agraria Común (PAC). Desde 1969 con la devaluación del franco francés y la revaluación del marco alemán, y luego de la finalización del patrón cambio dólar en 1973 la PAC se sustentó en la generación de mecanismos de armonización cambiaria para los países que conformaban la Unión Europea, y que fueron el paso fundamental para la conformación de la Unión Monetaria desde principios del siglo XXI. El Sistema Monetario Europeo (SME) fue uno de los principales acuerdos internacionales de tipos de cambio desde la caída del acuerdo de Bretton Woods, como consecuencia de la inconvertibilidad del dólar estadounidense en 1973. Tuvo un antecesor, la “serpiente” de tipos de cambio que duró entre 1971 y 1973.

Paulatinamente, varios países fueron agregándose a la CEE: en 1973 Gran Bretaña, Irlanda y Dinamarca, en 1981 Grecia, en 1986 España y Portugal.

Entre los principios del SME se establecían compromisos de mantener tipos de cambios bilaterales fijos con un margen de variación del 2,25% al 6% – ampliable circunstancialmente-, junto con una serie de facilidades crediticias de corto y largo plazo, y la capacidad de ajustar los tipos de cambios fijos, en caso que sea necesario. Asimismo, se creó el ECU, como numerario y sin circulación compuesta por una canasta de monedas europeas (Corden, 1994). La evolución del SME terminó generando posiciones asimétricas entre los países miembros del mismo, en donde Alemania tomó un rol fundamental tanto como ancla nominal de precios como de tipo de cambio de referencia.

Dentro de este conjunto de eventos, la relación entre el marco alemán y el dólar estadounidense tuvo implicancias sobre todos los países de la zona del SME, principalmente por dos razones:

  • Las monedas europeas dentro del SME mantenían una relación de cambio bilateral con el marco alemán. La variación del tipo de cambio bilateral dólar-marco alemán generaría impactos indirectos sobre la competitividad de todos los países del SME.
  • La relación de cambio entre el dólar estadounidense y el marco alemán se veía directamente afectada por la política monetaria y la incertidumbre que existiese en EE.UU. Por lo tanto, políticas monetarias laxas en EE.UU impactaban directamente en la relación de cambio con Alemania, y por lo expuesto previamente, sobre la competitividad de todos los países del SME.

Para su éxito, el SME requería de una convergencia en las tasas de inflación y de las tasas de interés. Para que esto ocurra, todos los países volcaron su confianza en el Banco Central alemán – el Bundesbank – para que éste funcionara como un ancla anti-inflacionaria para la UE mediante su política monetaria fuertemente restrictiva.

Hasta el año 1992 el SME fue utilizado con relativo éxito, ya que las principales tasas de inflación convergieron a la de Alemania, y el mecanismo de tipos de cambio y de política monetaria funcionó como ancla nominal. En septiembre de 1992 se generaron fuertes movimientos especulativos que implicaron la salida de Gran Bretaña e Italia del mecanismo de tipos de cambio, y una devaluación de la peseta española.

Estos movimientos especulativos fueron consecuencia de conjugar distintas velocidades en los precios junto con una misma política cambiaria en el marco de la liberación de los movimientos financieros en la zona. La salida de la crisis en su momento fue la devaluación de algunas de las monedas que presentaron niveles de inflación elevados en el período, hasta lograr un reajuste de las competitividades internacionales.

Luego del Tratado de Maastricht en 1991 se plantearon las condiciones que debieran cumplir económicamente los países para ingresar a la zona euro, creando la Unión Europea con un proceso de unificación de los Bancos Centrales (año 1999), una limitación a los déficit fiscales y la abolición al control del movimiento de capitales.

Consecuencia del Tratado de Maastricht y de la generación de entidades supranacionales, los países integrantes de la Unión Europea perdieron importantes grados de libertad de acción para la utilización de política económica nacional, entre ellos:

  • La imposibilidad de realización de devaluaciones competitivas
  • La imposibilidad de realización de políticas monetarias expansivas de manera autónoma
  • La limitación de realización de políticas fiscales en momentos de crisis.

 

3- Situación actual y perspectivas

Desde la implementación de la eurozona en el año 2002 – aunque con los tipos de cambio bilaterales fijos desde 1998 – los principales ganadores de la unificación monetaria fueron los países con estructuras productivas más fuertes, y con aumentos de productividad más elevados, aumentos de salarios más moderados y/o tasas de inflación menores. Asimismo, una vez entrada en vigencia el euro, la disciplina fiscal tampoco se respetó, especialmente en los países mas atrasados. Pero esta falta de disciplina fiscal no puede explicarse por otras razones que las asimetrías estructurales presentes en la zona euro, y la profundización de las mismas.

Desde el aspecto teórico, la teoría de áreas monetarias óptimas (Mundell, 1961) refiere a algunas de las condiciones que deberían cumplir las economías para lograr una unión monetaria exitosa. Entre ellas: contar con movilidad internacional de los factores productivos, contar con una producción diversificada, observarse tasas de inflación similares y cierto grado de integración de las políticas, junto a la flexibilidad de precios y salarios. Asimismo, para que un área monetaria pueda tener éxito, los shocks asimétricos (con mayor impacto en un país que el otro) deben ser raros y no recurrentes, lo que implica la existencia de economías con estructuras y ciclos similares. Del mismo modo, no debería haber barreras culturales, lingüísticas o legales para la movilidad del trabajo a través de las fronteras, y debería haber flexibilidad salarial y algún sistema de transferencias estabilizadoras (Molle & O’Connell, 1998).

Lamentablemente, Europa se encuentra lejos de ser un área monetaria óptima. Peor aún si se consideran las doce nuevas incorporaciones recientes a la eurozona. El euro es consecuencia de un proyecto político que se generó como consecuencia de la eliminación de dos mecanismos de ajuste de tasa de interés y tipos de cambio. Dichos mecanismos no fueron suplantados por otros sino que se dio por supuesto que la unión monetaria compensaría dicha situación (Stiglitz, 2012).

Como puede observarse en los gráficos 2 y 3, la existencia del euro fue netamente beneficiosa para países como Alemania, con tasas de crecimiento sostenidas y superiores al resto de la zona euro, niveles bajos de inflación, acumulando fuertes saldos comerciales superavitarios y logrando esterilizar los mismos con la exportación de capitales mediante préstamos realizados a los países más atrasados de la eurozona. De esta manera disminuyeron las presiones inflacionarias en los países superavitarios.

Asimismo, países como Grecia, Italia, Irlanda, Portugal y España se muestran como los más afectados por la conformación del euro. Como puede observarse en los gráficos 1A y 1B, la disparidad en la tasa de inflación de las principales economías de la eurozona tiene impactos directos sobre la competitividad tanto intra-zona así como también extra-zona.

Gráfico 1a. Aumento de precios acumulado (Base 1998=100)

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Fuente: elaboración propia sobre datos de EUROSTAT

 

Gráfico 1b. Pérdida de competitividad-precio respecto a 1998

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Fuente: elaboración propia sobre datos de EUROSTAT

Entre el grupo de países que cayeron en crisis desde la conformación del euro (países PIIGS), la zona euro no hizo más que acrecentar las diferencias existentes previas a la unión monetaria. Esto se observó como consecuencia de las estructuras inicialmente desbalanceadas en términos de estructura productiva, así como también por el impacto sobre la competitividad de la existencia de tasas de inflación más elevadas en países más atrasados. Estos países presentaron sostenidos déficits en cuenta corriente consecuencia de enmarcarse en una unión monetaria en donde el tipo de cambio se encuentra definido de manera asimétrica por Alemania, y en muchos sentidos, el mismo estaba establecido acorde a sus intereses desde el BCE.

Como consecuencia, dichos países se encontraron con una doble pérdida de competitividad. Por un lado, dentro de la zona Alemania presenta menores costos laborales como consecuencia de menores tasas de inflación y de una política de contención de salarios, haciendo que sus mercancías sean relativamente más económicas nominadas en euro y por lo tanto desbalanceando a su favor el intercambio comercial. Por otro lado, el euro no respondía a las necesidades de ajuste de los países más atrasados, con lo que internacionalmente hablando sus exportaciones fueron perdiendo competitividad en el tiempo.

Gráfico 2a. Evolución de Cuenta Corriente del Balance de Pagos de Alemania
(en millones de euros/ECU)

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Fuente: elaboración propia sobre datos de EUROSTAT

 

Gráfico 2b. Evolución de Cuenta Corriente del Balance de Pagos de Francia,
Portugal, Irlanda, Italia, Grecia y España
(en millones de euros/ECU)

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Fuente: elaboración propia sobre datos de EUROSTAT

Tal como puede observarse en los gráficos 2A y 2B, el mantenimiento de una moneda única con diferentes tasas de evolución de precios y salarios tuvo impactos directos sobre la competitividad. Estas diferencias se reflejaron de manera clara en el resultado de la cuenta corriente del balance de pagos. Los países más atrasados sufrieron cuentas deficitarias que tuvieron que financiar de algún modo mediante la cuenta capital o sacrificando reservas internacionales.

Cuando se observa el déficit de cuenta corriente en relación al nivel de producto, se puede observar con mayor énfasis el impacto negativo que tuvo la zona euro para países como España y Grecia. Se muestra insostenible mantener una balanza comercial deficitaria del 16% constante durante más de 10 años.

Gráfico 3. Balanza comercial, países seleccionados (en % del PBI)

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Fuente: Patrick Artus (2010), Quelle perspective à long terme pour la zone euro?, Flash Economie, N° 158.

Por otro lado, financiar estos déficits era funcional a Alemania. Con el objetivo de evitar problemas inflacionarios y presentando un creciente superávit luego de la constitución de la moneda única, y dada la libertad en el movimiento de capitales, Alemania lograba esterilizar el superávit de cuenta corriente mediante movimientos de capitales que permitieron volcar sus excedentes en las burbujas financieras creadas en dichas economías.

Las burbujas generadas en sectores financieros e inmobiliarios fueron otros de los vehículos de entrada de capitales que permitieron sustentar los niveles de consumo en los países del grupo PIIGS. Cuando las mismas hicieron eclosión, ya sea por el impacto de la crisis bancaria estadounidense, por un aumento en la morosidad, o por la desconfianza en la sustentabilidad temporal de las mismas, se generaron impactos negativos sobre el nivel de producción, el sector social y sobre el sistema bancario de los países más atrasados.

En concreto, los desbalances generados por las asimetrías existentes y no compensadas en la eurozona, tuvieron como impacto una cuenta corriente negativa en muchos de los países más atrasados, y presentaron su correlato en el incremento de la deuda pública y privada. Una vez que explotó la crisis, buena parte de la deuda privada se convirtió el deuda pública potenciando las necesidades de liquidez por parte de los gobiernos.

Autores como Boyer encuentran en el liberalismo financiero la principal causa de este tipo de crisis, que se expresan actualmente en la zona euro como una suma de crisis de deuda pública (como la causada en México en 1984) con crisis de tipo de cambio (como la que sufrió el Sistema Monetario Europeo en 1993) y crisis de la globalización del crédito (como las crisis japonesa de 1990 y asiática de 1997). Existe una alta correlación entre los niveles de liberalización financiera y la frecuencia de crisis bancarias internacionales. Según esta visión, la crisis de las finanzas públicas es simplemente una crisis derivada de la crisis financiera, en la cual el banco central debe intervenir para salvar a los sectores financieros que caen al eclosionar las burbujas financieras como prestamista de última instancia.

De hecho, como puede observarse en el siguiente gráfico, el FMI muestra que la mayor fuente de incremento de la deuda pública en los países avanzados fueron los estabilizadores automáticos y los planes de rescate al sistema financiero.

Gráfico 4. Fuentes de incremento de las deudas gubernamentales entre 2007
y 2013 en economías avanzadas (% del PBI)

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Fuente: FMI (2010), Exiting from crisis intervention policies

Los países han tomado deuda externa (tanto pública como privada) principalmente contra otros países de la eurozona. El déficit fiscal actual está sosteniendo el consumo, pero cuyo financiamiento se hace cada vez más inviable.

La recuperación de las economías griegas, españolas e irlandesas se ha visto dificultada por el desempeño de Alemania, que instó a las mismas a realizar ajustes fiscales con objetivos deflacionarios al mantener su política de contención de salarios.

Previo a la entrada de vigencia del euro, estos problemas de competitividad (ya sea consecuencia de diferencias en productividad o en el nivel de salarios y precios) se resolvían ajustando los tipos de cambio de los países, en relación al marco alemán. Ahora, la moneda única limita esa posibilidad, disminuyendo los grados de libertad en materia de política económica por parte de los Estados en problemas. El problema actual es que dichos países no tienen la soberanía para devaluar su moneda, cuando el principal desequilibrio es dentro de la zona y en donde acreedores y deudores se encuentran en la misma área monetaria, con deuda nominada en dicha moneda. Los países no se encuentran con una salida fácil.

 

4- Visiones alternativas para resolver la crisis de la zona euro

A continuación se analizan algunas de las posibles salidas de la crisis planteada en la actualidad.

a) Ajuste neoclásico

Esta “salida” es la propone la troika europea (el Banco Central Europeo, la Comisión Europea y el Fondo Monetario Internacional) como condición para recibir ayuda y es la que se viene implementando en los últimos meses en los países en crisis.

A nivel global, el pedido es de austeridad, disminución del gasto público, achicamiento del Estado y disminución de las políticas sociales, con el objetivo de “sanear” una economía presionada por excesos en términos fiscales.

La visión por detrás de este pedido es que los orígenes de la crisis se encuentran en el gasto público excesivo y por lo tanto la solución al problema se debe atacar desde el consumo público.

De haber existido tipos de cambios nacionales, ante un salto de demanda de los países más atrasados hacia Alemania por pérdida de competitividad como se observó desde la implementación de la eurozona, deberían existir presiones al aumento de precios en Alemania que de alguna manera mejore la competitividad de los países más atrasados. Si esto no ocurriese, para retornar a un equilibrio se necesitaría una disminución del ingreso real y del empleo en los países atrasados. La política de los países superavitarios en restringir aumentos de precios mediante contención de salarios generan tendencias recesivas a la economía mundial regida por tipos de cambio fijos (Mundell, 1961).

Esto es lo que está solicitando en este momento Alemania a los países en crisis: un ajuste fiscal que genere tendencias deflacionarias y que de ésta manera se recupere la competitividad de dichos países. Pero en realidad, la austeridad no hará más que empeorar la situación, ya que no puede haber salida de crisis sin crecimiento (Stiglitz, 2012). Las tendencias recesivas pueden disminuir el déficit fiscal, pero de ninguna manera van a generar las condiciones necesarias para reactivar la economía y generar los fondos necesarios para pagar la deuda contraída.

b) Salida de algunos países deudores de la zona euro

Esta visión tuvo su mayor impulso en Grecia durante el año 2011 y hasta las elecciones de 2012, en donde se impuso el conservador Samarás y descartó por completo la salida de Grecia de la zona euro.

Muchos autores que proponen esta salida, buscan realizar comparaciones entre la situación Argentina de 2001 y la griega actual, fomentando la salida de Grecia del euro. En teoría, esto generaría una readecuación de tipos de cambio y permitiría aumentar la competitividad internacional de Grecia. Cabe destacar en este caso que las economías argentina y griega no son directamente comparables. Mientras Argentina mantenía hacia el año 2001 una estructura manufacturera relativamente diversificada y con importante posibilidad de aumentar el uso de su capacidad instalada mediante una devaluación del peso, Grecia presenta una gran debilidad en el sector manufacturero y una importante dependencia del sector servicios que no permitiría tal rápido despegue. Como puede observarse en el siguiente gráfico, el sector manufacturero no ocupa a más del 12% de la población total.

Gráfico 5. Empleo en manufacturas, países seleccionados (como % del total de empleo)

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Fuente: Patrick Artus (2010), Quelle perspective à long terme pour la zone euro?, Flash Economie, N° 158.

Por lo tanto, la salida de Grecia del euro no sólo generaría una importante crisis en la zona euro que no se encuentra planificada en la concepción de la zona euro, sino que tampoco lograría beneficiar sustantivamente a Grecia, a pesar que sí le brindaría más herramientas de política económica para salir de la profunda crisis actual.

c) Visiones alternativas

Las visiones alternativas presentan diversas soluciones, pero en todos los casos responden a encontrar soluciones a la crisis del euro mediante herramientas que permitan no disolver la unión monetaria alcanzada.

Boyer muestra que la importante disparidad en capacidades productivas y las competitividades entre el norte y el sur requerirá una serie de transferencias permanentes que permitan mantener la equidad dentro de la zona euro. Esto estructuraría una división implícita en la producción europea, en donde el norte de especializaría en manufacturas mientras que el sur se especialice en el sector servicios.

Gráfico 6. Círculo vicioso y causas de la crisis del euro

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Fuente: Robert Boyer (2012),

El Tratado de Lisboa planteaba la búsqueda de competitividad vía inversiones en I+D, con el objetivo del 3% del PBI. Sus resultados son muy dispares entre los países y muestran que las innovaciones se siguen concentrando en el norte, reforzando la idea de una necesidad de transferencias permanentes entre el norte y el sur. El norte se beneficiaría por el acceso preferencial a los países del sur, ampliando sus niveles de producción, mientras que los sectores del sur necesitarán encontrar nuevos sectores en los cuales puedan obtener competitividad mediante innovación, mientras reciban constantemente transferencias del norte.

Otros autores (Stiglitz, 2012) plantean que la salida sea que el BCE financie a alguna de las economías carentes de liquidez, lo cual resolvería la coyuntura actual, pero no resolvería el problema de fondo, que es la disparidad en los niveles de competitividad en la zona.

En la misma línea que Stiglitz, una serie de autores (Bhaduri, et al., 2012) plantean que la solución para resolver los problemas de fondo deben contener: un BCE que actúe como prestamista de última instancia; la regulación de los mercados financieros y división de la banca privada de la comercial; y políticas monetarias que permitan estrategias fiscales expansivas para reanimar el crecimiento y el empleo que no causarán alzas inflacionarias en este contexto de alto desempleo. Por último, recomiendan estímulos al consumo, vía alzas salariales en el norte (como por ejemplo Alemania) ya que si no se resuelve la contención de los salarios en Alemania, no se logrará resolver nunca la disparidad en las competitividades intra-zona.

5- Conclusiones

Una de las principales conclusiones que se observan del presente análisis es que no hay soluciones fáciles que permitan resolver los problemas tanto coyunturales como estructurales que atañen actualmente a la eurozona.

Nadie quiere hacerse cargo del esfuerzo que requieren los ajustes para salir de la actual crisis. Pareciera ser que Alemania ha acompañado muy de cerca la Unión Europea en su época de éxito, pero no está interesado en colaborar en una solución siempre que ésta implique realizar esfuerzos en término de precios internos y salarios.

Como consecuencia de la crisis, y a pedido de la troika europea, se han desmembrado muchas de las estructuras de contención estatales logradas durante el Estado de Bienestar. Las propuestas de ajuste fiscal en los países más atrasados en realidad agravan la situación de los mismos. Podrían llegar a contener las necesidades de financiamiento actuales, pero no resuelve los problemas de capacidad de pago ni las asimetrías productivas.

Pareciera ser que la troika europea no ha aprendido de los errores impartidos durante la década de los noventa a los países en vías de desarrollo. Con foco en Alemania, mantiene sus ideales de realizar ajustes recesivos y deflacionarios como única salida a una crisis que ellos entienden de liquidez pero que en realidad tiene base en los fundamentals de las economías en crisis.

No se presenta una solución maestra que resuelva la totalidad de los problemas de estas economías, pero queda claro que estas soluciones requieren la presencia de algunos de los siguientes elementos:

  • Mayor coordinación de políticas entre los países del norte y del sur
  • Mayor participación del Banco Central Europeo como prestamista de última instancia, lo cual implicaría una solidarización de los costos de la deuda de los países en problemas
  • Mayor regulación financiera y del mercado de capitales
  • Un ajuste de competitividades internacionales mediante un aumento en el nivel de salarios alemán.

El Fondo Monetario Internacional lentamente está mostrando signos de viraje en su política. Ha expresado que el problema no tiene bases fiscales, sino que es en parte consecuencia de una falta de regulación del mercado de capitales. El FMI ha expresado que en muchos casos la política de liberalización financiera no se muestra como la mejor alternativa, marcando un fuerte contraste con las políticas de liberalización financiera que lo caracterizaron desde fines de los 80 y que potenciaron los movimientos de capitales desde los años 90[1].

Lo que queda claro que se necesita es una nueva estructura de transferencias para la equidad de la zona euro, que permita evitar el debacle de Grecia y España y a su vez brinde el aire que la zona euro tanto necesita para mantenerse a flote.

 

Referencias bibliográficas

Bhaduri, A. y otros, 2012. An Alternative Vision for Eurozone Crisis. Economic&Political Weekly, XLVII(47&48).

Corden, M., 1994. The European Monetary System. En: Economic Policy, Exchange Rates, and the International System. s.l.:The University of Chicago Press.

De Grauwe, P., 1983. Macroeconomic Theory for the Open Economy. Hampshire: Grower Publishing Co..

Fondo Monetario Internacional, 2010. Exiting from Crisis Intervention Policies. [En línea] Available at: http://www.imf.org/external/np/pp/eng/2010/020410.pdf

Molle, G. & O’Connell, A., 1998. El euro y su impacto en la economía mundial. En: El impacto del euro en América Latina – SELA. s.l.:s.n.

Mundell, R. A., 1961. A Theory of Optimum Currency Areas. The American Economic Review, Volumen 51(Issue 4), pp. 657-665.

Nava, J. A., 2010. La política agrícola común de la Unión Europea. Buenos Aires: mimeo. Rapoport, M. & Brenta, N., 2010. Las grandes crisis del capitalismo contemporáneo. 1era ed. Buenos Aires: Capital Intelectual.

Södersten, B. & Reed, G., 1994. The Theory of Customs Unions. En: International Economics. Nueva York: St. Martin’s Press, pp. 322-348.

Stiglitz, J., 2012. El precio de la desigualdad. s.l.:Taurus.

Tsoukalis, L., 1997. The New European Economy Revisited. 3era edición ed. Nueva York: Oxford University Press.

[1] http://www.imf.org/external/pubs/ft/survey/so/2012/POL120312A.htm

* Trabajo desarrollado en el marco de la Maestría en Relaciones Económicas Internacionales (MREI-UBA) en diciembre de 2012

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