El impacto de la devaluación y el nuevo IPCNu en el consumo

Desde noviembre de 2013, se observaron nuevos rumbos en la política comunicacional, institucional y económica del Estado, que implicó en muchos casos una consolidación en las políticas implementadas en años previos y, en otros, una sistemática y continua búsqueda de normalización de aquellos asuntos pendientes en materia económica e institucional. En el ámbito económico se puede destacar la búsqueda de desincentivar el uso de dólares “no esenciales” como política de Estado –en un contexto de descenso sistemático de reservas internacionales–, tanto para turismo (con la suba de 20 a 35 por ciento del adelanto de pago a cuenta de impuestos a la AFIP) como para autos de alta gama (con el incremento de los impuestos internos). Asimismo, la devaluación y el reacomodamiento cambiario que acumularon un 22 por ciento sólo en enero y un 56,8 por ciento respecto de igual período de 2013 se muestran tanto como una búsqueda de mejorar la competitividad internacional como así también de disminuir el déficit de la balanza de servicios.

En el ámbito internacional, se terminaron de delinear las condiciones para dar cierre al conflicto con Repsol por la expropiación de 51 por ciento de las acciones de YPF mediante un acuerdo entre las partes y se avanzó en las negociaciones para normalizar la deuda argentina a través de un acuerdo de pago al Club de París, que en dos meses se abrirá de manera oficial.

Institucionalmente, se trabajó en un nuevo índice de precios –el Indice de Precios Nacional Urbano (IPCNu)–, que representa más fehacientemente los movimientos de precios que no capturaba el IPC-GBA y que se acerca mejor a las variaciones que se observan en la calle. Ese índice se dio a conocer por primera vez en enero de este año y mostró un incremento del nivel de precios a nivel nacional de 3,7 por ciento, en línea con lo relevado por distintas consultoras privadas, y que en febrero podría tomar valores similares o algo mayores.

En este contexto, la existencia de un nuevo índice de precios podría ser el primer paso para la normalización de las estadísticas públicas, proceso que tomará al menos un año y que requerirá de esfuerzos para demostrar el interés en realizar dicha normalización, que deberá corroborarse en los próximos meses, al ampliarse el impacto del ajuste del IPCNu sobre otros indicadores clave de la economía.

Contar con una serie de indicadores con probado sustento estadístico podrá ser positivo por múltiples razones, tanto políticas como económicas y en términos de confiabilidad, pero en especial podrá permitir mejores diagnósticos a los hacedores de política. Como consecuencia, se podrán establecer –y medir– de manera más precisa las medidas de política económica y su efectividad.

La creación del IPCNu no sólo debe tomarse como un sinceramiento de estadísticas, sino como el comienzo de un proceso que permita generar una nueva batería de herramientas de política económica, a utilizarse en el corto y en el mediano plazo. Con un objetivo inicial de normalización de los indicadores, se podría profundizar en nuevas políticas de estabilización de la macroeconomía, así como también la revisión de los planes de mediano plazo que generen políticas que acompañen los objetivos estratégicos de dichos planes que se encuentren en proceso de implementación.

Como un proceso más de mediano plazo, la normalización de las estadísticas públicas permitirá volver a contar –de a poco y bajo un constante cuestionamiento externo– con una voz única pública y oficial que represente de manera adecuada la situación económica y social y los movimientos en ésta.

El valor de 3,7 por ciento que tomó el IPCNu en enero, y un valor también elevado en febrero, posiblemente requiera de ajustes de los programas asistenciales, para que se mantengan sus niveles de efectividad en los estratos más bajos.

La efectividad final del cambio en la política económica de los últimos meses encontrará su éxito sólo cuando el aumento de precios no ahogue la mejora en los niveles de competitividad. Lo relevante parecería ser contar con una buena medición y una visión conjunta del proceso, que eviten exigencias y desajustes que no sean necesarios.

* Artículo publicado en Pagina/12 en la sección de debate el 17 de marzo de 2014

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